Maternidad y Pediatría

Conoce cómo la puericultura te ayuda con la crianza de tu hijo

19 febrero, 2019
Conoce cómo la puericultura te ayuda con la crianza de tu hijo

En la tarea de criar a tu hijo, proteger su salud y buscar un óptimo crecimiento y desarrollo integral puedes acudir a la consulta de puericultura, que funciona de manera preventiva para orientarte en el cuidado y atención de los niños, así como para identificar, diagnosticar y manejar tempranamente problemas de salud.

Hay puericultura en diferentes edades: lactante menor, lactante mayor, preescolar, escolar, adolescente y adulto joven. Va hasta los 18 años, tiene focos de atención para cada etapa y la consulta se puede realizar junto con la pediátrica o por separado.

Se hace un seguimiento del desarrollo físico y emocional esperado para una determinada edad y a la vez se interviene sobre algunas prácticas que pueden interferir con el desarrollo motor, cognitivo, social y la interacción con los padres.

De esta forma, el establecimiento de lazos efectivos de comunicación, la puesta de límites, la incorporación de hábitos y la sexualidad, entre otros, hacen parte de ese conjunto de aspectos sobre la crianza.

Orientaciones anticipadas

Desde la puericultura buscamos dar orientaciones anticipadas sobre los eventos normales que vienen con el proceso de maduración de cada edad. Por eso proporcionar la información por adelantado nos permite trabajar las expectativas que como padre puedas tener sobre el crecimiento y desarrollo de tus hijos, así como en los cambios de comportamiento que se presentarán, especialmente en la adolescencia.

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Establece reglas

Es fundamental que les transmitas normas de comportamiento, límites y disciplina en la casa, de forma que se lleve a los niños asumir responsabilidades acordes con su edad.

Esto también implica ponerse de acuerdo con la familia y la pareja para no desautorizarse en cuanto a las normas establecidas.

A medida que tu hijo crece son necesarios los cambios en el manejo de la autoridad, especialmente en la adolescencia donde es fuente de conflicto. Sentarse a hablar y de alguna forma hacer un contrato entre las reglas que como familia mantienen y los compromisos que el adolescente asumirá. Es básicamente ajustar tu autoridad como padre para empoderarlo de tal forma que aprenda a tomar sus propias decisiones.

No obstante, hacer este tipo de tratos con los niños pequeños puede ser interpretado por ellos como que están creciendo en un ambiente laxo y sin límites, que puede prestarse para problemas de conducta.

Lidiar con las pataletas

El manejo de la autoridad es un asunto que empieza a ponerse a prueba cuando tu hijo empieza a hacer las primeras rabietas, entre los 18 meses y los 3 años, llevado por varios motivos.

De una parte, puede sentirse frustrado por algo que no le funcionó cómo esperaba. En ese momento debes actuar distinto a cuando es una pataleta para obtener cosas. Puedes abrazarlo, contenerlo emocionalmente y darle un tiempo para que se calme.

Con las pataletas de manipulación o para obtener cosas, debes anticiparte a lo que sucederá. Si ya imaginas situaciones en algunos escenarios o las ha vivido con anterioridad, habla con tu hijo sobre eso, adviértele que si hará pataleta tú harás algo al respecto, por ejemplo, suspender las compras cuando hace una rabieta para que le compres algo.

El propósito de hacerlo conlleva a que el niño haga una introspección de la regla. Aunque al principio cuesta trabajo para los padres y el niño, repetir esa respuesta corrige.

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Hablar sobre sexualidad con tu hijo

Abordar la educación sexual de los hijos no es un tema para descargar en el colegio.

Todas las edades tienen la capacidad mental para entender ciertas cosas y en su momento deberán hablar sobre educación sexual. Debes saber hasta donde se le cuentan las cosas y en un lenguaje para su edad.

Hablar con tu hijo sobre sexualidad y relaciones interpersonales hace parte del proceso familiar para orientarlos a que tomen decisiones informadas. Esto implica que las relaciones sexuales y las de pareja deben tener cierta madurez mental.

Además, de las decisiones sobre el propio cuerpo, también está considerar los riesgos físicos de comenzar la actividad sexual, las infecciones de transmisión sexual y el embarazo, así como las lesiones emocionales que puede tener su hijo al comprometerse en una relación.

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