Enfermedades

Prosopagnosia o la incapacidad para reconocer los rostros

29 febrero, 2020

¿Te imaginas ver una serie o una película y que no puedas reconocer los rostros de los personajes y por tanto la trama se vuelve incomprensible porque te falta esa información?

Una situación de este tipo la pueden vivir las personas con prosopagnosia, un trastorno cognoscitivo que les impide reconocer los rostros de las personas, aunque sean cercanas, y el propio en un espejo o reflejos. No importa si es mediante el contacto personal, en una imagen impresa o en una pantalla. 

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Dificultad para interpretar

Con la prosopagnosia el problema no está en la visión, sino en la dificultad que tiene el cerebro para decodificar la información que le llega por medio del sentido de la vista para reconocer, en este caso particular, que aquello que está viendo es el rostro de una persona.

Es decir, para leer nuestro entorno necesitamos del binomio sentido-cerebro: los sentidos envían los datos y el cerebro los interpreta, pero cuando este tiene una falla no puede procesar todo lo que llega. 

Una condición rara

Esta alteración perceptiva afecta a muy pocas personas en el mundo, una de ellas es el actor Brad Pitt, y los pocos casos que se reportan han llevado a considerarla una condición rara. 

En pocas personas la prosopagnosia se debe a un defecto de nacimiento (congénito), que suele estar acompañada de otras dificultades para reconocer estímulos visuales. En la mayoría, es adquirida a causa de un accidente cerebrovascular, un tumor cerebral o un traumatismo craneoencefálico que daña el giro fusiforme, una parte del cerebro encargada del reconocimiento facial. 

Cuando se ha vivido un evento que afecte el cerebro, el daño puede ser temporal o permanente, pero eso solo se sabrá por la valoración y el seguimiento neurológico. Según el tipo de evento, se puede dar rehabilitación cognoscitiva y enseñarle estrategias de adaptación para que esta condición no afecte su funcionalidad y vida en comunidad.  

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Vivir con un déficit cognoscitivo

Alguien con prosopagnosia puede ver las partes que conforman el rostro, como la nariz, la boca o los ojos, pero no logra interpretarlos como un todo, es decir, como un rostro, ni asociarlos a una persona.

Así, este mecanismo tan frecuente y cotidiano que usamos para identificar a una persona por su rostro, no funciona para alguien con prosopagnosia. 

No obstante, muchas personas que tienen el trastorno navegan muy bien en la vida. Se valen de otros recursos para identificar, por ejemplo, a esa persona que los saluda en la calle o en el transporte público, recurriendo a otros rasgos identitarios como su timbre de voz, la forma del cuerpo o la vestimenta habitual, entre otras características.   

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