Enfermedades

Obesidad: un problema más allá de la báscula

20 mayo, 2019
La obesidad, más que báscula y comida; es una problemática de salud pública.

Los kilos de más que te indican la báscula pueden ser lo menos importante cuando se trata de afrontar la obesidad y sus consecuencias. La obesidad es una condición que se configura en el conjunto de factores genéticos, sicológicos, socioculturales y comportamentales que trascienden la experiencia individual y está incuestionablemente relacionada con tu entorno y la manera en que te relacionas con éste.  

La obesidad, más que báscula y comida; es una problemática de salud pública en medio de hábitos, costumbres y entornos no saludables; esto es la falta de actividad física regular, patrones alimentarios precarios, industrialización masiva de los alimentos y urbanización no planificada.

Lo anterior se traduce en un entorno social y cultural que adopta y reproduce un conjunto de prácticas que favorecen su asentamiento; sumado a la inconsistente y fragmentada política pública en salud para sembrar y promover estilos de vida saludables en la población.

Más que una cifra

Aunque de manera clínica y práctica recurrimos, entre otros, a parámetros como el Índice de Masa Corporal (IMC) y la medida del perímetro abdominal para determinar si una persona tiene sobrepeso o está obesa.

La obesidad es mucho más que una cifra o un indicador.  

La obesidad refleja la concurrencia de la genética, de los hábitos y los estilos de vida, los entornos familiares, sociales, culturales. Desde antes de nacer y junto con influencias de nuestro entorno la obesidad se nutre, avanza y deriva en cambios fisiológicos,muchas veces silentes, que no te duelen ni te molestan, especialmente a nivel cardiovascular, metabólico e inmunológico en tu organismo que pueden comprometer seriamente tu salud.

Impacto emocional

Pero los cambios no terminan allí. La obesidad tiene un trascendental impacto en la vida emocional y afectiva de las personas, en su autoestima, sus preferencias, sus expectativas y su interacción social. La obesidad es, en la mayoría de las personas, motivo de inseguridad y diverso grado de ansiedad; ya sea en solitario o al momento de socializar.

La persona obesa tiende a aislarse y, consciente o inconscientemente, evita encuentros o contextos en los que siente presión por lucir en un peso y talla menores a las que tiene actualmente.

Incluso, la obesidad puede terminar afectando la vida en pareja.

En consecuencia, ante el sobrepeso y la obesidad, es necesario preguntarnos qué implican esos kilos de más en otros aspectos de la vida.

Más allá de los cambios evidentes del peso que marca la báscula y la talla de la ropa, ¿cuáles son los factores personales, familiares, sociales que cada persona considera determinantes para su obesidad y cuáles las implicaciones más relevantes en las que debemos enfocar atención?

El peso de la obesidad en la salud

Atrás quedaron los tiempos en los que estar obeso era considerado socialmente un indicador de abundancia, salud y atractivo físico. Ahora, claramente nos enfrentamos a un problema de salud pública que no discrimina sexo, origen y edad, y que se ha extendido a todas las regiones del mundo. Después de ser un tema predominante en los países industrializados, ahora la obesidad crece en los países en desarrollo y a las personas de todas las condiciones socioeconómicas.

Por eso la Organización Mundial de la Salud ha reconocido que la obesidad es un factor de riesgo para numerosas enfermedades crónicas, entre las que se incluyen la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, las principales enfermedades no transmisibles que más impactan en la población.

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Herramientas para prevenir la obesidad

Frente al avance de la obesidad en nuestro medio podemos apropiar y mantener un conjunto de hábitos que ayudarán a prevenirla y a mitigar el impacto negativo para nuestras vidas.

1. Preocúpate más por los nutrientes y menos por las calorías: Cuando dejas de valorar un alimento por su contenido calórico y lo empiezas hacer por su valor nutricional, empezarás a consumir alimentos más saludables y de mejor calidad. Así, evolucionas y pasas de comer a alimentarte para nutrirte.

Atender la nutrición de una manera consciente ejerce gran poder en tus hábitos y preferencias alimentarias, también para tus hijos, y como tal, es una comprobada medida para la prevención de la obesidad infantil y en cualquier edad.

2. Consume alimentos de calidad: esto incluye varias cosas y se relaciona con el punto anterior. De una parte, consume alimentos lo menos procesados posibles, por eso, prefiere los alimentos frescos y consíguelos en mercados locales. En la medida que un producto provenga de un lugar más lejano a donde tú vives, requiere mayores técnicas de preservación postcosecha.

Por otra parte, evita o disminuye el consumo de productos ultra procesados: productos de paquete, enlatados, congelados y precocidos que suelen ser ricos en azúcar, sodio, grasas saturadas y preservantes.

3. Muévete más: somos una sociedad sedentaria, nos movemos muy poco hasta para realizar tareas cotidianas y eso tiene un profundo impacto en la ganancia de peso, incluso en los niños, pues la obesidad suele ser un desequilibrio entre las calorías consumidas y las calorías gastadas.

Por este motivo, practica actividad física regular, esto quiere decir que al menos durante la semana debes realizar 150 minutos de ejercicio o idealmente practicar algún deporte. Establece un horario conveniente para ejercitarte con la ropa adecuada y con el debido calentamiento para evitar lesiones.

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4. Entornos saludables: como ciudadano puedes ser más activo en exigir, en los diferentes escenarios de participación, la formación de políticas públicas y leyes que promuevan en la población la actividad física, el acceso a productos saludables y mantener una cultura de la prevención en el cuidado de la salud.

5. Claves para cambiar tu enfoque: centrar la atención en “bajar de peso” no es integral, no funciona; no es consecuente con la real dimensión de la obesidad y en no pocas ocasiones genera resultados frustrantes.

La próxima vez que quieras verificar tu peso corporal, hazlo, pero antes y después enfoque tu atención y propósitos en incorporar y mantener hábitos de alimentación, actividad física y mental más saludables. Transfiere el tiempo desperdiciado en pantallas (celular, computador, televisión) para invertirlo en ti, en la conversación, la caminata (en solitario para meditar o en compañía para escuchar), disfruta los alimentos, comparte en cada oportunidad y evita productos industrializados.

El peso que indique la báscula cuenta, pero nunca tan importante y de valor como el peso y la efectividad sinérgica de los hábitos saludables, ¡hay evidencias!

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