Síntomas y causas

Bruxismo: un hábito con muchos riesgos a nivel oral y facial

14 noviembre, 2019
Conoce cómo tratar la halitosis o mal olor en la boca

En muchos casos, las personas no se percatan de que tienen bruxismo hasta que sus compañeros de habitación les manifiestan que están apretando y rechinando sus dientes mientras duermen o cuando consultan por dolor en la musculatura facial, una causa frecuente de consulta.

Aunque el bruxismo no es una patología o un trastorno en sí mismo, este hábito de apretar, frotar y rechinar los dientes superiores con los inferiores repetitiva e inconscientemente durante el sueño o cuando se está despierto, genera preocupación por el riesgo de lesiones dentales permanentes y el dolor e hipertrofia de los músculos.

Sin un origen claro

Las causas del bruxismo son multifactoriales en las que intervienen aspectos sicológicos, psicosociales y físicos.

El bruxismo puede presentarse en pacientes con problemas neurológicos o que tengan una lesión cerebral o un trastorno degenerativo del movimiento como el Parkinson.

También puede aparecer en personas que tienen trastornos del sueño, historial de abuso de drogas o como un efecto secundario del suministro de un determinado medicamento, especialmente psiquiátrico.

Por causas morfológicas, el bruxismo puede deberse a problemas de maloclusión dental y alteraciones de la anatomía mandibular.

Apretar y rechinar los dientes es un hábito más frecuente en las personas que tienen expectativa ansiosa, dificultad para manejar la frustración o cuando enfrentan episodios de estrés crónico.

La tensión emocional que genera esas situaciones a su vez puede aumentar la tensión muscular.

Un hábito parafuncional

El bruxismo hace parte de los hábitos parafuncionales. Se trata de un conjunto de actos repetidos y paralelos a la función normal, pero sin ningún objetivo funcional, tal es el caso de morderse la lengua, los labios,las mejillas u objetos; masticar de un solo lado; mascar hielo o chicle; recostar la cara de un solo lado o succionarse los dedos.

Así, las personas que tienen este tipo de hábitos es muy probable que también tengan bruxismo. En la pubertad y la adolescencia, empiezan a  desarrollar este tipo de hábitos, entre ellos el bruxismo, en gran medida por la exposición a situaciones estresantes o que producen ansiedad en la persona.

Riesgo de daños permanentes

Los casos leves de bruxismo pueden no producir molestias y no requerir tratamiento, pero en casos severos tiene profundas manifestaciones a nivel intraoral y facial.

Los dientes pueden desgastarse, aplanarse, fracturarse y reducir su tamaño significativamente.

Todo esto lleva a que se pierdan los tejidos dentarios y aumente la sensibilidad, desencadenando dolor e incomodidad por el frío o al masticar determinados alimentos.

Incluso, la frotación constante puede dañar restauraciones dentales a las que se haya sometido el paciente en anteriores ocasiones.

Además, la actividad muscular exagerada derivada de rechinar los dientes los puede aflojar y a la vez debilitar las encías y el hueso, que son estructuras de soporte de los dientes.

Entretanto, en la mucosa de la mejilla se puede presentar algunas lesiones pequeñas similares a una mordida.

Por el bruxismo nocturno, la persona puede despertar en la mañana con dolor cervico craneal y mandibular, y sentir un dolor similar al de oído. Cuando es tan intensa la actividad muscular se pueden inflamar su cara y cuello.

Abordaje multidisciplinario

Atender los casos severos de bruxismo requiere un abordaje desde múltiples disciplinas, en un tratamiento que no es definitivo.

Uno de los aspectos en los que más se insiste es en controlar los factores que lo desencadenan o exacerban. Por ejemplo, si se ha establecido que los episodios de estrés y las situaciones que producen ansiedad llevan al bruxismo, se recomienda que la persona intente técnicas de relajación para sobrellevar estas situaciones. Asimismo, debe evitar las bebidas estimulantes que pueden afectar el bruxismo como el café y el alcohol.

De otra parte, la intervención a nivel odontológico se dirige a reducir el dolor, prevenir el desgaste de los dientes y los trastornos que pueden aparecer en las articulaciones temporomandibulares.

En ese sentido, el odontólogo de enfocará en realizar ajustes de la oclusión de los dientes para distribuir las fuerzas generadas por el bruxismo y también se recomienda usar unas placas miorrelajantes o férulas como una ayuda mecánica que le servirá para evitar el desgaste de los dientes y relajar los músculos de la masticación, disminuyendo la fatiga muscular y por tanto el dolor facial.

También se pueden intentar un abordaje fisioterapéutico con terapias miofasciales y terapias conductuales desde una intervención psicológica. En raras ocasiones se brinda tratamiento farmacológico, solo se intenta cuando otros procedimientos fallan.

Sin comentarios

Responder