Enfermedades

¿Qué es lo que debo hacer si sufro de una enfermedad dental?

17 noviembre, 2017
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Ante el diagnóstico de una enfermedad dental, tu odontólogo establece el grado de afección o severidad para definir el tipo de tratamiento, que incluye desde actividades de control hasta procedimientos invasivos, según sea el caso.

Igualmente, se valora tu estado general de salud con el fin de identificar si presentas alguna enfermedad sistémica como hipertensión, diabetes, cáncer, VIH, enfermedades respiratorias, entre otras, para controlar las complicaciones de padecer infecciones de origen en boca cuando se tiene alguna de esas condiciones.

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Además de ceñirte al tratamiento hay otras indicaciones que te ayudan a complementar el proceso desde las prácticas cotidianas.

1. Solicita información

Como parte del autocuidado, solicita información completa y orientaciones para tu cuidado, que te garanticen todos los procedimientos a los que tienes derecho.

2. Lleva una alimentación sana

Durante toda tu vida consume equilibradamente cereales, granos, frutas y verduras, carnes y proteínas, lácteos, grasas y azúcares, acorde con las capacidades económicas pero aprovechando los productos regionales de temporada.

Controla el consumo de carbohidratos y azúcares, reduciendo la frecuencia y cantidad de su consumo.

Si te encuentras en gestación, atiende las recomendaciones para el consumo de micronutrientes como hierro y zinc, ácido fólico y calcio para evitar complicaciones en el bebé y en tu propia salud.

3. Higiene de la boca

Varias enfermedades dentales se originan por una mala higiene que deriva en la acumulación de placa bacteriana. Por eso, es importante que cepilles tus dientes mínimo 3 veces al día con una adecuada técnica y el uso de seda dental, lo que también ayuda a controlar las enfermedades cuando se encuentran en una etapa inicial. Estas prácticas deben empezar desde los primeros años, pues las enfermedades dentales aparecen en edades tempranas.

No te vayas a dormir con residuos de alimentos en la boca, pues durante los periodos de sueño se reduce la producción de saliva y se favorece la proliferación de microorganismos en boca y por ende el inicio y rápida progresión de enfermedades.

Si tienes prótesis removibles (totales o parciales) debes retirarlas diariamente de la boca en algunos momentos del día y durante las noches para permitir que los tejidos de la boca puedan recuperarse de la presión de estas. Cuando las laves usa un cepillo diferente, de cerdas duras, limpiando no solo las estructuras que limitan los dientes, sino también las superficies que entran en contacto con la mucosa y el paladar.

La higiene bucal se debe reforzar cuando hay aparatos de ortodoncia, prótesis dentales o perforaciones corporales (piercings) y se debe hacer limpieza adecuada de estos elementos.

4. Asiste a los controles

La atención a una enfermedad dental no acaba con el tratamiento odontológico; es necesario que asistas a las citas de control que establezca tu odontólogo para hacerle seguimiento a tu condición de salud. Recuerda que varias de las enfermedades dentales son crónicas y de progresión lenta, lo que implica mantener visitas regulares al odontólogo para evitar la progresión a etapas más avanzadas.

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5. Realiza prácticas de autocuidado

No fumar y limitar el consumo de alcohol reduce las manchas en los dientes, el mal aliento, las enfermedades de las encías y el riesgo de padecer enfermedad periodontal, así como que se presenten alteraciones en la cicatrización de heridas en boca, el desarrollo de lesiones premalignas y el cáncer de la boca.

Complementa esas prácticas con la autorrevisión de tu boca frente a un espejo y presta atención a cualquier cambio de aspecto en la lengua, paladar y encías. También identifica heridas o lesiones que no se curan en dos semanas o que aumentan de tamaño. Aparición de masas, sangrado en boca, dolor o cambios en la sensibilidad de lengua, dientes, labios u otros tejidos. En caso de encontrarlos, acude a consulta y menciónalos a tu odontólogo durante las sesiones de atención o de control.

La autorrevisión te ayuda en todo momento a controlar de forma oportuna complicaciones, sobre todo si padeces de enfermedades de base como diabetes, hipertensión, discapacidad o si estás en periodo de gestación.

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