Síntomas y causas

¿Se puede comer azúcar, sal, harinas y grasas sin que afecte mi salud?

6 febrero, 2018

 

Frecuentemente surgen inquietudes, prácticas y mitos en las personas a raíz de desinformación y tendencias que terminan por dar un mal uso a determinados productos o a excluirlos de su dieta. El azúcar, las grasas, las harinas y la sal son productos muy cuestionados en los últimos años y ha surgido evidencia científica que se refiere a su presencia en los platos, pero que es importante aclarar dudas para aprovechar sus aportes en la alimentación y mantener un peso saludable.

El azúcar

El principal problema con el azúcar es su consumo excesivo en las comidas, bebidas, meriendas y refrigerios del día. Sin darnos cuenta, desde las primeras horas comenzando con el desayuno; el azúcar está presente en nuestra dieta, especialmente en la de los niños y adolescentes, como por ejemplo en los platos de cereales azucarados, descartando opciones más saludables y que no impliquen el consumo de comida procesada.

Consumir productos de paquete, de pastelería, de bebidas artificiales ricas en azúcar refinada y además usarla como endulzante en las comidas, comienza a alterar la percepción del sabor de los alimentos y elevan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, Diabetes tipo 2 y obesidad.

La recomendación entonces es reducirla poco a poco identificando los productos que la contienen (bebidas, lácteos, comidas, etc) y de esta manera poder escoger los que tengan menos o nada de azúcar. Cuando se trate de adicionarla a nuestra comida o bebida, sólo emplear una cantidad mínima de este producto o evitarla por completo.

Las frutas idealmente se deben consumir enteras, no en jugos, y variar su tipo hasta lograr consumir al menos 5 frutas diferentes al día.

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El sodio

La sal que se suele usar en la cocina contiene sodio, un mineral importante para ayudar al funcionamiento de los nervios, los músculos y los riñones. El sodio también está presente en algunas hortalizas.

Sin notarlo, su consumo puede ser demasiado y poner en riesgo la salud. Los embutidos, las carnes curadas, las salsas como mayonesa, soya y mostaza, los encurtidos, las sopas y salsas de sobre, los conservados, los congelados, y los productos procesados (incluídas algunas bebidas), traen sodio en cantidades elevadas. Por eso, es importante fijarse en las etiquetas y comenzar a limitar su consumo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que las personas adultas consuman menos sodio para reducir el riesgo de que presenten tensión arterial alta y desarrollen enfermedades cardiovasculares, que son las más frecuentes en la población adulta en el mundo. En ese sentido, se recomienda para los adultos menos de 2 gr/día, es decir no superar diariamente los 5 gramos de sal.

Hay varias estrategias para consumir menos sodio. Por ejemplo, no mantener sal en la mesa y sólo emplearla en bajas cantidades en las preparaciones. Si la comida para su gusto y demás comensales no está lo suficientemente salada, mejor usar otro tipo de condimento natural que realce el sabor como el ajo, pimienta, limón, paprika, entre otros. Incluso, esta sería una oportunidad para explorar más, las especias en la cocina y reducir -sin suspender por completo- la sal en las preparaciones.

Hemos notado que cuando recomendamos bajar el consumo de sodio, al igual que el de azúcar, las personas en cuestión de una semana se acostumbran al sabor original de las comidas.

Las harinas

Los carbohidratos que están presentes en productos como “las harinas” han sido objeto de mitos, restringiendo su consumo y casi que llegando a excluirlos de la alimentación de muchas personas porque creen que son la única causa de aumento de peso.

Pese a la mala fama que les han creado, los carbohidratos en la proporción y calidad adecuada, son nutrientes esenciales para que el cuerpo funcione adecuadamente. Cuando se consumen, el sistema digestivo los metaboliza en azúcar (glucosa) para llevarle energía a las células.

Entonces, la clave con los carbohidratos está en saber cuáles son los productos que contienen los más apropiados para una alimentación sana y balanceada. Ciertamente, los carbohidratos están presentes en la harina de trigo refinada con la que se elabora por ejemplo el pan del desayuno y en productos procesados de paquete como galletas y refrescos, los cuales es mejor evitar o consumir muy poco.

Una buena fuente de carbohidratos complejos que son beneficiosos para la salud, son las legumbres, los cereales y las verduras crudas. Incluso, los panes y la pasta se pueden consumir con más frecuencia -no en más cantidad- cuando son elaborados con harina integral.

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Las grasas

Grasas hay de todo tipo y lo importante es saber escoger cuales son las más saludables. Por eso, se debe preferir las de origen vegetal para las comidas, especialmente los aceites de oliva, canola, girasol y maíz. Este tipo de grasas insaturadas ayudan a mantener controlado los niveles de colesterol.

El consumo de grasas saturadas de origen animal, como la mantequilla, la leche entera, la crema de lecha y carnes muy grasosas, elevan el colesterol y por consiguiente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

También se debe tomar precaución con el consumo de grasas trans, que aunque son de origen vegetal, se someten a un proceso de hidrogenación para endurecerlas. Su presentación más común es la margarina de mesa. Revisar las etiquetas ayudan a tomar una decisión informada sobre su consumo.

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