Enfermedades

¿Por qué el estrés puede causar problemas graves a tu salud?

11 julio, 2017
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El estrés es una respuesta psicológica y orgánica de una persona ante las situaciones de presión a la que se ve sometida en su vida, las cuales nos exigen adaptación a las demandas y condiciones cambiantes del entorno. Así, hace parte de nuestra vida como uno de los impulsores de la actividad humana.

Nos ayuda a cumplir tareas y salir triunfante de situaciones amenazantes, es el responsable de la creatividad y de sentirnos vitales.

En sí, el estrés no se considera una enfermedad, por el contrario, se toma como beneficioso siempre y cuando tu mente y tu cuerpo trabajen sincrónicamente para lograr adaptarse a las nuevas situaciones que lo desencadenaron, que se denomina estresor. Se trata del estímulo o suceso que provoca la respuesta del estrés, este puede ser externo o interno, físico o psicológico, real o imaginario.

Sin embargo, cuando el estresor supera por su intensidad y duración tu capacidad personal de adaptación al cambio, entonces surge el estrés crónico que te hace vulnerable y te pone en riesgo de enfermar.

Los síntomas incluyen dificultad para respirar, insomnio, aumento de la tensión arterial, dolor de cabeza, dolor del cuello, ansiedad, estados de agresividad, irritabilidad, tristeza, problemas digestivos, ulcera gástrica, colon irritable, problemas de memoria y trastornos alimenticios. Cuando es crónico nos enfrentamos a las, que hoy conocemos como, enfermedades del siglo XXI: la fatiga crónica, el síndrome metabólico y el burn out o síndrome del quemado, entre otros.

¿Qué nos estresa?

No todas las personas se estresan con las mismas situaciones, pero podemos reconocer 4 características comunes en estas. No siempre están presentes las 4, pero entre más se cumplan, mayor será el grado de estrés. La primera es la novedad, lo que nos pasa tiene que ser nuevo; la segunda es que sea impredecible; la tercera es tener la sensación de que no la controlamos en absoluto; y la cuarta es que represente una amenaza para nuestra personalidad.

Hay eventos estresantes absolutos o relativos. Entre los más importantes encontramos el haber sobrevivido a un desastre natural, la guerra y persecuciones, el conflicto armado, desplazamiento forzoso, padecer una enfermedad, estar expuesto a algún maltrato físico o psicológico, la pobreza, vivir con una persona con algún tipo enfermedad mental o eventos maltratantes en el ambiente laboral.

Asimismo, estamos en un ambiente competitivo lo que nos lleva a autoexigirnos, a sentirnos insatisfechos, a lidiar con nuestras inseguridades, y a tener baja tolerancia al fracaso o la frustración y esto nos expone con más frecuencia al estrés.

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¿Cómo se afecta mi salud con el estrés?

Hay efectos nocivos a nivel clínico y psicológico en tu salud cuando el estrés es permanente. Se puede desencadenar una enfermedad o se agudiza alguna condición médica que ya tengas o se mantienen los síntomas. Puede suceder que con el estrés los pacientes con enfermedades crónicas tengan dificultades para adherirse al tratamiento o que tengas conductas que no te permitan llevar un estilo de vida saludable como fumar y beber con más frecuencia y comer malsanamente.

En lo que parece ser un círculo vicioso, el estrés se ha consolidado como un factor psicosocial que, unido a otros factores de índoles genético y ambiental, causa enfermedades, pero a la vez se vuelve una consecuencia de sufrir un trastorno.

Los daños a tu salud se reflejan en enfermedades como la cefalea tensional, las enfermedades cardiovasculares, gastritis, colon irritable, enfermedades autoinmunes, eccema, acné, psoriasis y enfermedades autoinmunes.

¿Cómo abordar el estrés?

De acá se origina una perspectiva de la enfermedad en donde se asume que es una consecuencia directa de la vulnerabilidad mental hacia los aspectos y problemas cotidianos a los que nos enfrentamos. Entonces, debemos asumir una responsabilidad en su génesis y tener un papel activo a través de la mente para conseguir una completa curación.

Podemos ser más resistentes al estrés si mejoramos nuestro bienestar físico y psicológico a través de una dieta saludable y equilibrada, y ejercicio físico personalizado. Nuestros recursos internos los podemos aumentar en lo que concierne con trabajar las creencias sobre nuestra capacidad de manejar la adversidad, la autoestima, los paradigmas religiosos, el sentido de confianza y resiliencia.

Igualmente, debemos fomentar nuestros recursos externos, por ejemplo mediante los grupos de apoyo con los miembros de la familia y los amigos, que sin duda son amortiguadores para nuestras experiencias con el estrés

Nuestra mente la podemos convertir en una herramienta poderosa para afrontar la vida cotidiana, a través de las técnicas de la medicina mente-cuerpo, en la cual se enseña inducir en el cuerpo físico una respuesta metabólica equilibrada en el denomino la respuesta de relajación, así como la práctica de la atención plena o mindfulness.

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