Enfermedades

¿Cómo atender el control de la diabetes en la adolescencia y la juventud?

12 febrero, 2018
Diabetes en adolescentes y jóvenes

A medida que los niños con diabetes tipo 1 van creciendo y llegan a su adolescencia y juventud, se presentan cambios en la forma cómo se involucran y cooperan para manejar su condición médica en esas etapas de sus vidas.

A continuación, me refiero a un conjunto de situaciones que pueden surgir en estos dos periodos de la vida y cómo afrontar los cambios en su actitud hacia el manejo de su diabetes a medida que tu hijo crece.

La diabetes en la adolescencia

A través de un proceso de educación diabetológica le enseñamos a la familia y demás personas del entorno del niño cómo manejar los aspectos particulares de esta condición, de manera segura y en medio de sus actividades cotidianas. Con estas orientaciones se fortalecen los cuidados en casa que son claves para el control de la diabetes y asegurar la adherencia al tratamiento médico.

Así, la familia conoce y se involucra con procedimientos como inyectar la insulina, medir la glucemia y anotar los valores, cuidar de su alimentación, programarle las citas de control y saber detectar signos de alarma de complicaciones como la hipoglucemia, entre otros.

Los niños pequeños, especialmente, requieren bastante apoyo en todos estos procesos y puede ocurrir que al principio su cooperación sea escasa y sobre sus 8 ó 10 años podemos irle asignando pequeñas tareas a medida que son más autónomos.

No obstante, cuando llegan a su adolescencia presentan cambios en su actitud hacia el manejo de la diabetes. En esa etapa buscan su identidad y formarse el autoconcepto, como todos los adolescentes de su edad, reclamando más libertad para manejar su diabetes porque se sienten en capacidad de hacerlo.

Por lo tanto, inicialmente se le asignan responsabilidades progresivas como encargarse de medir el azúcar en la sangre (glucometría) y más adelante de aplicarse las inyecciones de insulina o estar pendiente de las próximas consultas y exámenes.

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¿Cómo evitar el riesgo de un mal control?

En esa etapa hay un riesgo de perder el buen control que ha tenido desde su infancia con el acompañamiento, principalmente, de sus padres. Su control diario lo puede interrumpir con otras actividades que comienzan a ocupar su atención en la adolescencia: relacionarse con nuevas amistades, practicar deportes y actividades extracurriculares o siente que la diabetes le quita libertad para vivir más acorde con las personas de su edad y la descuida.

Para evitar el riesgo de una diabetes mal controlada a nivel médico mantenemos unos parámetros que nos permiten evaluar cómo el adolescente está cumplimiento con las tareas a las que se ha comprometido. Por ejemplo, los resultados de la prueba de la hemoglobina glicosilada, que mide el promedio glucosa en los últimos tres meses, nos pueden indicar si hay un buen control o no.

En caso de que las cosas comienzan a deteriorarse, hacemos los ajustes para ir más lento en esa tarea de que tu hijo gane autonomía con el manejo de su diabetes. Sin apresurarnos con este proceso lo importante es que él asuma responsabilidades con el control cuando esté en capacidad de hacerlo

Pasar de la atención pediátrica a la de adulto

Otro cambio importante ocurre cuando deja los controles de endocrinología pediátrica y pasa a los de adulto tan pronto cumpla los 18 años. Esto implica cambiar de médico tratante con quien él y su familia han creado confianza a raíz de tantos años de atención, pero a la vez es el momento de comenzar a tratar aspectos que tienen que ver con la salud del adulto como la prevención del tabaquismo, consumo de alcohol, la vida universitaria y la planificación anticonceptiva, entre otros.

Para que este cambio no sea abrupto, realizamos con anterioridad lo que denominamos una consulta de transición en la que se reúne el paciente, el o los médicos que lo seguirán atendiendo y el endocrinólogo pediatra que lo ha tratado desde la infancia y por largo tiempo.

En ese encuentro se socializa cómo ha sido su atención en los últimos años, su participación con el manejo de la diabetes, cómo será su atención en adelante y conocemos sobre sus expectativas con respecto a este cambio.

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En pocas ocasiones son los mismos jóvenes quienes solicitan la consulta de transición, por eso su médico puede sugerirla y lograr que se realice, que en gran medida contribuye a la adherencia al tratamiento en lo que sigue de su vida adulta, donde nuevamente hay un riesgo de mal control porque el adulto joven descuida las actividades diarias de control en casa y pierde su regularidad con las consultas con el especialista.

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